El consumo responsable

El consumo responsable es un consumo planificado que nace como respuesta al consumismo desmesurado, de manera que el consumidor prevé con antelación  la compra, informándose de las características del producto que quiere adquirir, teniendo en cuenta criterios de sostenibilidad, éticos y medioambientales.

Los criterios que generalmente se aceptan para clasificar un producto o servicio como de consumo responsable son los que suponen un ahorro de recursos en sus fases de producción y distribución; así pues, minimizando el desperdicio de materiales innecesarios y priorizando soluciones de proximidad se reduce el impacto ambiental del consumo.

El consumo de proximidad hace referencia a la distancia entre el punto de origen y el de consumo del producto. Consumir productos y servicios hechos en nuestro entorno territorial más cercano ayuda a reducir los costes energéticos de transporte y contribuye a mantener las pequeñas explotaciones familiares agrarias y ganaderas, fomentando el desarrollo de nuestro país.

Utilizar recursos renovables y / o materiales reciclados en el proceso de producción y distribución, no incorporar productos tóxicos ni contaminantes para la salud y el medio y el hecho de tener un ciclo de vida largo, son otros criterios que permiten clasificar un producto o servicio como de consumo responsable.

Alargar la vida de los productos es la mejor opción para optimizar nuestro consumo, siendo clave la práctica de la reutilización, es decir, la compra de productos que permiten que su uso sea reiterado y continuado, bien por sus características (materiales durables, resistentes, de fácil mantenimiento, etc.) o porque en caso de desperfectos o averías se pueden reparar fácilmente para volver a ser operativos.

La práctica del consumo responsable no necesita grandes acciones, sino pequeños gestos fundamentados en el conocimiento y la reflexión de lo que hacemos y de sus consecuencias como consumidores, implica entre otros:

 

  • Ser consciente de las consecuencias ecológicas, económicas y sociales de nuestras compras.
  • Saber qué hay detrás de los productos que consumimos.
  • Reflexionar antes de adquirir cualquier cosa y hacer un uso racional de los servicios que tenemos a disposición.
  • comprar sólo cuando lo necesitamos.
  • Reciclar tanto como podamos.
  • Racionalizar el uso del agua y la electricidad domésticas.
  • Consumir productos de la agricultura biológica.
  • Y regirnos también por un criterio de proximidad.

En definitiva, este tipo de consumo se basa en satisfacer nuestras necesidades con el menor impacto negativo para el medio ambiente, resultando precisamente la alternativa al modelo de consumo tradicional.

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